La francesa Sud Aviation y la inglesa Bristol Aeroplane Company construyen respectivamente el Super-Caravelle y el Bristol 233. Ambas empresas recibieron sendas ayudas económicas por parte de sus respectivos gobiernos, que querían afirmarse frente a la dominación aeronáutica estadounidense. En los años 1960 los dos proyectos se encontraban en una fase bastante avanzada, pero el alto costo de los aparatos hizo que los gobiernos les pidiesen colaborar. Por lo tanto, el proyecto de desarrollo del futuro Concorde fue más un acuerdo internacional franco-británico que un acuerdo comercial entre los constructores.
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